estado de histeria

El marco de crisis actual es, a todas luces, un marco quizás no perenne pero sí un marco duradero.

Nos hemos habituado a un camino que nos lleva a un estado de histeria social, bajo el auspicio del miedo a un ente amorfo y desconocido que va a mecer las cunas de aquellos que todavía no han nacido.

La crisis actual se solucionaría de una manera más ágil con intervención estatal y control de activos y flujos, pero por contra, se ven movimientos de repetición, nadie plantea de inmoral rescatar a bancos o socializar pérdidas sin unas normas férreas que obliguen a los afectados a aceptar un control disciplinario de no repeteción de errores.

Esto se ve por ejemplo con el reparto de dividendos de la gran banca estadounidense tras el rescate por parte del congreso, la justificación es que no estaba prohibido. O más recientemente, que el Banco de España no tiene pegas para inyectar dinero en cajas sin investigar antes si ha habido fraude.

Tampoco la inyección de liquidez llega a los bolsillos ciudadanos, simplemente por que los bancos no tienen, en el fondo, por qué hacerlo. Simplemente están virando hacia sus propios intereses, hoy por hoy, los intereses están en la especulación y no en la sociedad. No hay una voluntad de avance social ni mucho menos una voluntad de escape o de salida de un marco coyuntural nefasto para la sociedad.

Nos hemos acostumbrado al estrés social después de una guerra antrópica, una guerra contra el hombre, que nace de la personificación de un concepto como es el terrorismo. El estado terrorista es un error, un estado es un ente capaz de declarar la guerra, pero un estado terrorista es un concepto que permite la intervención en la política interna de un estado sin cesar los negocios de los países que así le declaran por otras vías, además nos permite el engorro de mobilizar una guerra contra un estado creando un estado anterior mucho más terrible.

Tras la personificación del terrorismo, ahora hemos personificado el terrorismo financiero, más allá de eso, hemos convertido en deidad el flujo de activos convirtiéndolo en el mercado, los mercados, son agentes demasiado etéreos para someterlos a control alguno, simplemente no se puede por el concepto que hemos creado.

El estado de estrés va a habituar al ser humano a la lucha, a la tensión, a la competición y a la voluntuosa predisposición a ceder derechos y garantías, si se quiere libertades, en pro de una seguridad momentánea ante un enemigo sin cuerpo definido, permitiendo que la capa del olvido caiga sobre unos derechos que costaron vidas realizadas a una causa y vidas entregadas por la misma.

A partir de aquí, podemos entrar en qué implicará esto para la evolución genética humana, cosa que sería curiosa, pero bajo el mismo entorno deberíamos considerar qué nos conviene.

El ser humano, tiene una vida breve, cuatro años son suficientes años, entonces, ligar la prosperidad o ligar cambios de marcos o cambios de escenarios a variaciones políticas es sacrificar años de oportunidad para los seres humanos.
Se habla que en España vamos a perder a mi generación, ese es un sacrificio intolerable, perder una generación de la sociedad por malas decisiones políticas es un hecho suficientemente grave como para ir considerando actitudes violentas para evitarlo, ese es un peligro que se acrecentará contra más estrés se acumule en la sociedad.

Parece que estamos en una carrera diseñada, entre la histeria colectiva que crece y el control estatal sobre la actividad individual controlada por los marcos que impone el estado, como es una guerra mundial contra el terror o una crisis mundial impuesta por los mercados. Esto permite adelantar actitudes, el estado es más flexible para adoptar medidas de control y para cuando la histeria colectiva pueda degenerar en sublevación, el estado ya estará demasiado preparado a través de la imbecilización de las masas consentida por el estrés social generado por el miedo para poder cambiar la situación.

El problema es ese mismo, poca gente tiene una agilidad suficiente como para hacer cálculos estadísticos de aquellas barbaridades que nos bombardean por televisor, por lo tanto, más datos implican más argumento de autoridad y más pereza da acometer las refutaciones encontrando ejemplos concretos que lo desbanquen, así como la difusión del concepto que nos impone la histeria social permite que éste pueda permear cualquier clase de correlación como causa del mismo modo que se puede achacar las consecuencias de acciones no vinculadas al mismo marco que en este momento nos agobie.

Por eso, día y noche se nos avisa de la cotización de la deuda, no se está cambiando el formato nacional de subasta hacia una forma que sea beneficiosa para el estado, por que lo realmente beneficioso para el estado es un ciudadano capaz de hablar 4 lenguas y con una cantidad de teoría y práctica grande con un espíritu de sacrificio conocido solo en el pretérito, estamos hablando de la predisposición ciudadana a convertirse en un cuasi esclavo solo por el hambre atroz que le puede acechar tras la esquina, por unos intereses que el estado regala, una plusvalía o si lo preferimos, una comisión por servicios ajenos que gravan una deuda que nos atará a una tierra que no poseeremos bajo un sueldo de hambre.

Todo por el miedo, el control a través del miedo, de la mitología y de la perversión de conceptos así como de la supresión continua de los conceptos críticos y las capacidades críticas del individuo.

Suprimida la capacidad de duda y el reconocimiento de falacias o la exigencia de contestar a complejas cuestiones en lapsos instantáneos llegamos a lo que Nietzsche adelantó, quitado el hábito de contemplación, queda el vacío de la existencia entregada al obrar sin reflexión, no hay tiempo para pensar cuando tienes que estar luchando por pisar a tu vecino y la estructura empresarial y financiera está tan corrompida por el estado que solo concede dinero a aquellos que comulgan con las ideas generales, no queda más remedio que resignarse. Esa parece la meta, es una evolución del bipartidismo del siglo XIX.

A no ser que como hace 2000 años dijo Séneca y logremos trascender los límites de la imbecilidad humana y descubramos que hay mucho más tiempo donde espaciarnos y aprendamos a pensar bajo el estrés y el control del cortisol o en un esfuerzo bárbaro consigamos renunciar al ataque estatal por estas vías (me referiero a pensar, a no aceptar el estado de terror, a la indignación por otras vías que las halladas hasta ahora y procurando que sean no violentas), nuestro destino es que no haya tiempo para pensar, solo para desconectar ante un televisor o ante alcohol, donde se nos sigue estresando, para que el cortisol erosione nuestras capacidades críticas y reflexivas.

Pd : podríamos comparar el devenir político estatal con la habitual sorna universitaria de los profesores, una asignatura o profesor es mejor contra menos alumnos aprueban, es decir, contra más incompetente es el profesor explicando y transmitiendo o más ignorante es él, más prestigio se le otorga.

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