Por manías erradas personales, creo que la genialidad radica en la creación espontánea, sin saberes previos de por medio, de conceptos y ingenios.
Pero esa definición es errónea, recordando las palabras de Newton que había visto más por que se subió a hombros de gigantes, considerando el trabajo de Kepler, o en puntos más cercanos, las teorías físicas y matemáticas de la relatividad a base de aportaciones de Riemann y Lorentz no son solo de Einstein, y con ello no le quito mérito a Newton o a Einstein, si no que rebato mi propia concepción y expongo que la grandeza de unas ideas radican en la base que forman.
La genialidad no consiste en saber antes de que te sea explicado, si no en relacionar conceptos y historias aparentemente inconexas, ser competente o ser espabilado o como queramos llamarlo, consiste más en ver relaciones y patrones comunes o tener una imaginación versátil que no en saber qué dirá el profesor 3 segundos antes que lo diga o esforzarse en intentar ir delante de él y en lugar de atender.
Esto me viene por problemas personales mios, pero a parte, me viene por unas notas que leí acerca que Stevenson no fué el inventor de la máquina de vapor, simplemente copió y mejoró un diseño previo, su contribución consistió en mejorar usando una metáfora burda, la piedra que había enganchado en un palo otro miembro de la tribu. Cosa que no quita mérito.
Conclusión y final de la curiosidad : si uno atiende en lugar de pugnar por deducir antes de que lleguen, es decir, ver antes que construir e imaginar, y después asimila y copia, el homenaje que le hace a la humanidad es mayor de lo que uno piensa, pues los grandes avances se fundamentan en la base que uno contribuye a consolidar.
Uno se preguntará, ¿cuál es la función de esta entrada? La función de esta entrada es que no leáis más allá de aquí, el resto de la entrada es para mí, es para hacer un uso egoísta del blog explayándome de cosas que quiero decir.
Quiero decirme a mí mismo, exponiéndolo en el desconocido mundo de internet que la confianza en uno mismo es fundamental para desterrar esa idea recurrente que siempre hay una salida cómoda de cualquier situación.
Quiero decir que entender no es lo mismo que leer el pensamiento, que uno va a clase para que le enseñen, no para que él constate que lo sabe o que no lo saber y piense que debiera de saberlo, uno no va ahí a que le expliquen qué sabe, si no que le cuenten cosas nuevas, eso debería tatuármelo con fuego o con un palo romo para que me entrara bien dentro del entendimiento.
No se compite en clase, se colabora, los comentarios de los demás, si te afectan, tienes un problema tú, no tú con ellos, así que no hay que darles peso. Cada uno va a lo suyo, qué más dá realmente quien es más rápido entendiendo una cosa o resolviendo un problema, unos somos más aptos para unas tareas y otros somos más aptos para otras y ya está, luego también hay gente que es casi excepcional en todo, pero no en un momento puntual, paciencia.
Otra cosa, los nervios son malos, los nervios desembocan por el río de la inseguridad al mar del pánico, llevan la canoa de la tranquilidad a las marismas finales del desastre pasando por los rápidos y agitados meandros de la culpa y la exigencia desmedida, los nervios y la angustia nacen de un problema casi inexistente, existe por que se lo permitimos, no es real, un problema, si es real, puede afrontarse, el problema viene cuando la preocupación es una niebla difusa entre árboles lejanos que ulula débil, es lo que vulgarmente llamamos ahogarse en un vaso de agua. Claro que hay vasos de agua profundos y vasos de mercurio, pero probablemente, uno hace montañas de granos de arena para huir de la posibilidad de participar en un juego con dos destinos que convergen en un mismo sitio, la burla.
El temor a no ser perfecto lleva a un rendimiento insatisfactorio, el temor a no ser perfecto, lleva a fallar en casi todas partes, la exigencia de deber ser el primero, aún sin bagaje, lleva a equivocarse demasiadas veces, tener la sensación de deber demostrar a un enemigo invisible tus capacidades, lleva al desastre, al mismo mar del desastre, que tiene tantos afluentes que parece mentira que no desborde. El problema es que a veces sí desborda.
Una entrada oscura y muy interesante, me quedo con el ultimo parrafo. Querer ser el mejor en algo, ser el numero, hacerlo todo bien conlleva una presion muy importante y el precio que se paga a veces es caro, como bien dices el mar puede desbordar y llevar al desastre. Por otra parte, si tus objetivos son altos y tus ambiciones elevadas, y al mismo tiempo eres capaz de descontextualizar un poco, de relajarte, aunque solo consigas la mitad de lo que te propusiste, ya habras hecho mucho mas que otras personas
Saludos